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Me llamo Fatima Daas. Soy francesa de origen argelino. Soy musulmana. O: Soy esa chica de barrio que observa los comportamientos parisinos. Soy una adolescente perturbada, inadaptada. Soy una mentirosa. O: Mi nombre es el de un personaje simbólico del islam. Mi nombre no puede ensuciarse, es un nombre que debo honrar. Así, con distintas y sucesivas variaciones, como una letanía, arranca cada uno de los capítulos de La hija pequeña, la primera novela de Fatima Daas, pseudónimo con el que esta joven francesa de padres argelinos, nacida en Saint Germain-en-Laye en 1995, ha irrumpido en el panorama literario francés, vendiendo más de 35.000 ejemplares y  cosechando premios y el elogio de escritores como Virginie Despentes.

Así arranca mi última colaboración para el Cultura/s de La Vanguarida, donde el sábado pasado he publicado una crítica de novela La hija pequeña, debut de la escritora Fatima Daas. Podéis continuar leyendo más abajo.

Francesa de primera generación nacida en los suburbios de París, musulmana creyente y practicante a su manera, lesbiana, escritora… Con estos mimbres, no sorprende que esta primera novela inscrita en el género de la autoficción sea la herramienta que la autora se ha dado para construirse una identidad, y la fórmula que ha escogido para hacerlo resulta perfectamente elocuente y eficaz. En un momento de la novela, la narradora confiesa que hubiera querido ser imam. Y acaso lo que construye no es sino una suerte de letanía laica, una larga oración a través de la que descubrirse y autoafirmarse. Como si a fuerza de repetir las cosas, pudieran encajar todas esas facetas aparentemente contradictorias que conforman su existencia. Como si la escritura fuera, al fin, un espacio para habitar la contradicción.

Es una novela breve, de prosa clara y directa, no en vano una de las autoras citadas es Annie Ernaux. La letanía da paso al relato de episodios significativos de la infancia y la adolescencia y otros de un tiempo presente -ahí aparece su relación con Nina, el amor-, sin importar demasiado el hilo temporal porque lo que importa es la construcción yo. Así, a través de pocas pinceladas, logra construir un personaje, el suyo, muy creíble, complejo, y un entorno, su familia, el barrio, el instituto, sus amores, perfectamente reconocible.

No hay un gran desarrollo de los conflictos. No hay espacio y probablemente no era esa la intención. Eso quizá sea la materia de futuras novelas. Aquí el tema era la construcción del personaje y de la escritora, encontrar la voz. Y no hay duda de que lo ha logrado.