Tomar un baño de mar en invierno

Barceloneta en blog Eva Muñoz

tomar un baño de mar en invierno

gritar de frío

reír de pura energía que desborda

apenas las gaviotas y los veleros

contemplar

el skyline de Barcelona entre la calima

la curva del hotel que espejea

sumergirse en el haz de luz que penetra el agua

frotarse la piel

y plantarse ahí sobre la arena

entre el mar y el viento

y el sol

que ahora está alto

crecer varios centímetros

emerger de la tierra y cubrir todo el espacio hasta el cielo

no hay cesura

una columna bien anclada a tierra.

El clown: arquetipo imprescindible

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Ayer publiqué una reseña en el Cultura/s de La Vanguardia a propósito del libro Clowns. Una figura arquetípica, de Constantin von Baloewen (Kairós). Una indagación acerca de esa figura arquetípica, grieta y punto de fuga imprescindible en cualquier sociedad. Algo somero en su alcance, el libro intensifica su tono poético conforme avanza y el tema es fascinante. El artículo quedó bonito. Podéis leerlo íntegro más abajo. Hoy sigo con Rasputín (y otras cosas menos interesantes pero por las que también me pagan). Buen domingo!

clowns_en_blog eva muñoz

“¡DÉJALOS! Si no hubiera locos en el mundo, ¿qué sería de él?”. Goethe lo comprendió. En cualquier sociedad organizada, tan necesarias como las normas son las fisuras, los puntos de fuga. De otro modo, se corre el riesgo de estallido, violento. Por ello, cualquier sociedad genera necesariamente antagonismos para mantener su, digamos, equilibrio homeostático. No siempre los tolera, desde luego, porque el reequilibrio conlleva un desequilibrio previo… o definitivo, y la pérdida de control genera ansiedad y miedo. Hay una amplia suerte de grietas y antagonistas: el loco, el juego, el “pensamiento salvaje” (aquél que no establecía una radical cesura entre ciencia y arte, según lo expresaba Lévi-Strauss)… el clown. Todos comparten un mismo territorio intermedio, una tierra de nadie y sin embargo de todos, plenamente conectada con la realidad pero también con lo inmanente o con “lo divino”… El clown aparece pues como un arquetipo imprescindible. Sin él, mucho antes nos habríamos aniquilado.

De ahí que el antropólogo e historiador de la cultura Constantin von Barloewen se acerque a esta figura, y lo haga atravesando épocas y culturas, analizando sus características en las sociedades primitivas y en el seno de la cultura occidental, en tiempos sacralizados y desacralizados; que observe fenómenos de alto contenido político como la Fiesta de los Locos o las Sociétés Joyeuses… porque la clownerie es subversión, insumisión, contra-razón, pero también compasión, empatía… elemento que se acentúa en la modernidad, el hombre ya expulsado de todo orden cósmico, de todo orden cotidiano incluso, ya todo tiempo indistinguible y sin fisuras ni transiciones. Ahí, frente a ese hombre desamparado, el clown abre resquicios para la distinción, para la risa, por supuesto. Un clown que es hoy más trágico y menos grotesco… El autor revisa también, cómo no, el clown en la literatura y en el arte, en el cine, en el teatro, y rinde tributo a algunas de sus más destacadas figuras.

Todo ello en un texto de notable fuerza poética que contiene momentos tan bellos y certeros como éste, en el que aproxima así una descripción del fenómeno: “atesorar instantes, no devenir víctima, volver expresivos los cuerpos […]”. El clown como tierra de nadie imprescindible, insumiso, punto de fuga… como el loco, como los amantes entregados, todos ellos hermanados en esa Société Joyeux transfronteriza.

 

Amistad virtual avant la lettre: Tchaikovsky y Von Meck

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La relación entre la mecenas Nadezhda von Meck y Tchaikovsky es una de las más singulares y fascinantes de que tengo noticia. A lo largo de los catorce años en los que la mecenas sostuvo económicamente al compositor, intercambiaron centenares de cartas a través de las cuales forjaron una sólida amistad pero, por deseo expreso de ella, jamás se vieron, ni siquiera cuando coincidieron en la villa veraniega que ella poseía en Florencia. Lo cuento aquí, a propósito del concierto de la Cuarta sinfonía de Tchaikovski que sonará mañana en el Palau de la Música.

¿Ética maquínica?

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rosi-braidotti en blog Eva Muñoz

EL PARLAMENTO EUROPEO acaba de proponer una regulación a gran escala de los robots y máquinas inteligentes. El informe, según publicaba El País, propone regular temas como la responsabilidad civil y legal de los robots —especialmente en el caso de los coches autónomos—, la creación de una agencia europea encargada de ellos, la privacidad de los datos que almacenan, la inclusión de un código ético y la posibilidad de establecer un impuesto por utilización.

En este contexto, traigo aquí una entrevista con la filósofa Rosi Braidotti a propósito de su libro Lo Posthumano que publiqué el pasado noviembre en Revista de Occidente. La filósofa critica que la categorización ética de determinadas cuestiones con frecuencia enmascara un debate de fondo sobre las condiciones materiales y geopolíticas que están creando entidades como los drones o las redes computacionales.

¿Podríamos por favor detenernos un minuto a discutir las infraestructuras materiales, las inversiones de capital, la combinación de ciencia y economía, las relaciones geopolíticas que están creando los drones y las redes computacionales en primer lugar? ¡Son los principales ejes del poder en el mundo contemporáneo y la ética por sí sola no va a resolver los problemas!

En la entrevista, la filósofa aborda también las principales críticas que, a partir de los años sesenta y setenta, se han formulado al humanismo tanto desde movimientos sociales como el feminismo como desde la teoría postestructuralista, y de las que su libro hace una comprensiva y valiosa revisión.

La crítica al humanismo no es nueva, especialmente desde la izquierda del espectro político. (…) El «Hombre» no puede pretender representar a la humanidad toda porque ese «hombre» es una entidad específicamente determinada en cuanto a cultura, género, raza y clase: es europeo, macho y blanco.

En un momento histórico en que la crisis de lo humano es vista con aprensión cuando no con alarmismo, es estimulante encontrar a una pensadora que aboga porque esa pérdida de centralidad de lo humano -que Braidotti juzga más normativo que neutro- sirva para cambiar de paradigma hacia otro más complejo pero también más comprensivo e integrador, el único quizá capaz de salvar las brechas y las contradicciones que marcan nuestro presente y el futuro que se vislumbra.

Soy consciente de que gran parte de las modificaciones físicas y psíquicas que experimentan nuestros cuerpos responden a la lógica capitalista. Así es que sí reclamo la puesta en juego de determinados valores éticos, concretamente: que la experimentación sea sin ánimo de lucro, sujeta a la solidaridad transnacional, a la conexión entre especies y, por supuesto, a la justicia intergeneracional.

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Las oposiciones coexisten y estallan ante mis ojos: la epidemia de la anorexia y la bulimia y el hambre resultado de la pobreza se traducen en espasmódicas ondas de la expansión y contracción del peso de los cuerpos en diversos sectores de la población. En Los Ángeles hay clínicas dietéticas para mascotas del mismo modo que las hay para humanos. ¡Bienvenidos al capitalismo como esquizofrenia!

 

Tanztraüme

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Anoche fui feliz durante la hora y media que duró la proyección de Tanztraüme en la Filmo: un docu de Anna Linsel y Rainer Hoffmann que recoge la puesta en escena por adolescentes de 14 a 18 años sin experiencia de baile del proyecto de Pina Bausch Kontakhof. Un ensayo a través del cuerpo y la emoción acerca de las relaciones entre hombres y mujeres, el amor, la violencia, la fragilidad, la seducción… Cuánta emoción, belleza y creatividad! Arte ‘popular’ pero ‘exigente’ a un tiempo: la demostración fehaciente de que tal cosa es posible. La danza como experiencia artística autotransformadora y vivencial. Grande! Energético y contagioso. Cielos: algo así debería ser un servicio público!!

Weekend

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tapies_vilanova_en blog Eva Muñoz

Domingo

Así se llama la exposición de Oriol Vilanova en la Fundació Tàpies. Durante años, este artista conceptual ha acudido cada domingo al mercat de Sant Antoni o al rastro de la ciudad donde estuviera y ha comprado una postal. Vistas aéreas de paisajes montañosos, de puertos, de portadas de iglesias, de objetos decorativos de indudable gusto kitsch, de cisnes, de souvenirs… todas son souvenirs, también las puestas de sol, las naranjas, los zoológicos, los paisajes suizos en los que ondea la inequívoca bandera de ese país, los mandatarios… En total ha reunido 34.000 postales de las que expone 27.000, con las que ha cubierto las paredes de dos de los pisos de la fundación, todas situadas en vertical independientemente del sentido en que fue tomada la foto, organizadas por grupos cromáticos y temáticos.

Hay algo en la repetición del gesto del coleccionista, el orden o la pauta que confiere a cualquier vida, que he deseado siempre, quizá porque yo no soy así… También es posible que existan regularidades en mi vida perceptibles para alguien que esté fuera de ella.  Hoy percibo mi vida como un fluido. Y no hay desorden en los fluidos sino discurrir… El texto que presenta la exposición habla de ella como de “las ruinas de la sociedad del espectáculo”. Memoria y juego, registro yo. Porque por encima del orden y la repetición sobresale el juego, que indudablemente sigue unas reglas pero siempre es nuevo y admite todos los comienzos y conclusiones. Y fugas.

metalocus_peterhujarmapfre_en blog Eva Muñoz

A apenas unos pasos de allí, la exposición de fotografía de Peter Hujar en la Fundación Mapfre es en cierto modo la antítesis de la de Oriol Vilanova. Leo que en su última exposición en vida, en 1986, Hujar expuso setenta fotografías muy juntas y en dos filas componiendo una suerte de friso, de modo que no hubiera dos fotos con el mismo motivo juntas (retratos, naturalezas muertas, paisajes, animales…). El artista pretendía así “minimizar la tentación del espectador de comparar y buscar diferencias”, pues “más que servir como variaciones sobre un asunto común, todos y cada uno de sus temas tenían un papel original, único”. Y lo cierto es que no importa si lo que está ante el objetivo del fotógrafo es una vaca, un edificio, una silla sobre la que se ha dejado una manta o una persona mirando a cámara de frente o, como es muy frecuente, desde la horizontalidad de una cama o un colchón: todos tienen el mismo peso específico, la misma incuestionable entidad. Las fotografías de Hujar tienen, como sostiene A.,  una “solidez” que las distingue, que el fotógrafo reconoce en los sujetos y las cosas y captura y definitivamente ancla a tierra. A mí se me hace evidente también que Hujar es un outsider genuino e irremediable, un raro, un solitario, alguien que va por libre porque no sabe hacerlo de otro modo, ajeno a escuelas y movimientos. Y su singularidad y ese peso específico que sabe hallar en todo aquello que mira sacándolo por un instante y para siempre de la corriente del tiempo, hacen de su fotografía algo realmente muy bello. Como la paz que comunican algunos de sus retratados. Susan Sontag nunca desprendió esa beatitud ni estuvo tan bella.

Domingo, 14.20 h. Hace viento fuera de la Fundación Mapfre. Viajo de pie en el vagón de metro, con la espalda apoyada en una de las barras centrales. La vista sobre los hombros del resto de los viajeros y la profundidad del vagón me producen la sensación de tener ante mí un sistema montañoso y por unos minutos no necesito nada, no pienso nada, contemplo a la muchedumbre como si contemplara un paisaje. Antes, miro insistentemente a un chico joven frente a mí, sus gafas geométricas estilo decó y sus piercings capturan mi mirada… Pienso en Hg. Me gustaba escribirle y recibir mensajes obscenos en el metro, rodeada de desconocidos. A él también.

Sontag_hujar_blog Eva Muñoz

Sábado

Es fascinante escuchar y ver tocar a Fazil Say, que actúa con la Simfònica del Vallès en el Palau de la Música. Primero Silence of Anatolia, una composición suya. Qué papel el de Rubén Gimeno, el director, pienso, qué difícil, porque el pianista genial manda mucho y dirige a la orquesta desde la banqueta. Y no sólo su obra, poderosa, atmosférica, también el concierto para piano de Mozart, el núm. 23 en La mayor, que hace suyo como si de otra de sus obras se tratara, y realmente es una felicidad escucharlo y es perceptible en el auditorio. Dice F. que tiene cara de psicópata. Bromea. Pero tiene cara de loco, de trance, cuando actúa.

En la fiesta miro al hombre guapo apenas unos metros delante de mí. Es obviamente guapo, y su expresión soñolienta, sexy, el cuerpo con algunos kilos de más es deseable, no sé si porque él tiene menos de cuarenta años o porque soy yo quien tiene más de cuarenta (cuando era muy joven me gustaban flacos), y ese acento… que inevitablemente asocio a mi amante reciente. Pero, ¿qué dirá la princesa al abrir los labios?

A propósito de Arrival y Toni Erdmann

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Dado cómo está el patio doméstico y el (des)concierto internacional, no sé si llamar a los heptópdos de la doctora Banks o a Toni Erdmann y su repertorio trash. Una cosa parece clara: atrapados como estamos en este sistema que algunos definen precisamente porque “no hay afuera”, hay que buscar algún modo que nos permita salir y llegar de nuevo, tenga ese extrañamiento forma de alienígena o de sujeto de aspecto perfectamente asimilado pero que gracias a una peluca, dientes postizos y una extraordinaria capacidad para la extemporaneidad, nos ayude a recuperar la mirada sobre nosotros mismos. Buen domingo y buen cine!

Arrival en blog Eva Muñoz

Toni Erdmann en blog Eva Muñoz

 

Diego Martin-Etxebarria: ”La música no professional és la que determina la cultura musical de la societat”

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Entrevista amb el director d’orquestra Diego Martin-Etxebarria, que demà dirigirà l’Orquestra Simfònica del Vallès al Palau de la Música.

Guanyar el Primer Premi del Concurs Internacional de Tòquio el 2015, que feia quinze anys que es declarava desert, va brindar al jove director Diego Martin-Etxebarria (Bilbao, 1979) la possibilitat d’entrar definitivament en el restringit circuit internacional de la música simfònica. Des d’aleshores, malgrat que resideix a Berlín, no para de viatjar. És el destí dels directors freelance, una circumstància que no sembla inquietar-lo, sinó que, contràriament, li ofereix l’oportunitat de treballar amb formacions musicals de tot el món i debutar en alguns dels millors teatres. En una temporada en què, ens explica, hi haurà “molta òpera” en la seva agenda professional, ve a Barcelona per dirigir l’Orquestra Simfònica del Vallès interpretant Els planetes de Holst. 

Podeu llegir l’entrevista aquí.

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Apocalipsis medioambiental

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Con Algo, ahí fuera, el periodista y novelista Bruno Arpaia nos sitúa sitúa en el largo infierno que precedería a la extinción de nuestro mundo. O, en todo caso, en el mundo inhóspito hacia el que nos encaminamos. Basta con que la temperatura global del planeta suba algunos grados más.

Bruno Arpaia en blog Eva Muñoz

Reseñé el libro en el Cultura/s del sábado 14 de enero en La Vanguardia.

Podéis leer la reseña completa aquí:

Enrico Fermi sostenía que, dado el tamaño del Universo, había muchas probabilidades de que se hubiera dado vida en otros planetas, pero ya se habría (auto)extinguido: eso explicaría la falta de contacto. Algo, ahí fuera, del periodista y escritor italiano Bruno Arpaia, no nos sitúa en la extinción, sino en el largo infierno que la puede preceder. O, en todo caso, en el mundo inhóspito hacia el que nos encaminamos, ciegos de vanidad, avaricia y, desde luego, estupidez colectiva. Una distopía que no acontece en un futuro lejano sino en este mismo siglo: basta con que la temperatura global del planeta suba algunos grados.

Dos tiempos: el ecuador del siglo y apenas una treintena de años después. En el segundo tiempo, que es el presente del relato, Livio, el protagonista, atraviesa Europa con una tropa de desheredados. Son centenares, algunos miles. Proceden de toda Italia con el objetivo de alcanzar Escandinavia. La temperatura del globo ha aumentado seis o siete grados, el nivel del mar ha subido doce metros. Ya apenas son habitables las zonas árticas o antárticas del planeta: Rusia, Escandinavia, Islandia, Canadá, Groenlandia… Sólo en esa fortaleza custodiada sin piedad persiste la vida tal y como hoy la conocemos. El resto del mundo es un inmenso erial surcado por caravanas de desplazados que rivalizan entre sí por el agua y la comida. Los estados hace tiempo que desaparecieron. Desde ese escenario, Livio rememora una vida anterior con una mujer, un hijo, cuando ambos, llegados de Italia, eran investigadores en Stanford, en unos Estados Unidos que se degradaban política y medioambientalmente a ojos vista y que son epítome de la decadencia de nuestro mundo.

No estamos ante la hondura ni la brillantez literarias de Cormac McCarthy -eso son palabras mayores-, pero sí ante una novela estimable, que se lee de un tirón y que tiene en la fuerza visual una de sus grandes bazas que, a su vez, la ponen en relación con otras ficciones distópicas del cine y la literatura, de la referida La carretera a Mad Max. Pero también la traen mucho más cerca. Y es que ese avanzar penoso de la columna de desesperados remite a las peores experiencias del éxodo pasadas y presentes, a cualquier telediario… Lo que verdaderamente nos inquieta de la novela de Arpaia es que, esta vez, los “otros” somos nosotros.

De la cuina als salons vienesos seguint les passes d’Ignatz S.

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Festival de valsos i danses en Eva Muñoz blog

      Feia estona que el jove Ignatz S., que havia arribat pocs dies abans de l’acadèmia militar en la qual havia passat els darrers sis anys de la seva curta vida, s’avorria sobiranament en el saló d’aquella casa benestant. Anava i tornava de la biblioteca, on els homes fumaven i intercanviaven xafarderies més o menys pujades de to, al saló, on les senyores i els senyors intercanviaven recomanacions i informacions sobre casaments, naixements, defuncions i l’activitat professional de familiars i amics, i grups de noietes de pell transparent i vestits clars esperaven que algun jove com ell (bé, ell no era exactament un bon partit: del seu cognom patern —entre nosaltres, Strauss— no en podia fer servir sinó la inicial) les tragués a ballar el minuet. El minuet! «Si fos aquella altra dansa!», pensava Ignatz, que, deslliurant-se no sense una fiblada de culpa de l’esguard de la joveneta que el mirava des de l’altre costat del saló amb ulls de gasela, va esmunyir-se escales avall fins a arribar a la cuina, on la seva mare, tan daurada i voluptuosa com les menges brillants de les safates, regnava davant dels fogons i maldava perquè la petita comunitat sota les seves ordres acabés d’enllestir el sopar… Era inútil, l’Ignatz acabava de treure el violí i les minyones i les cambreres i els mossos i els cotxers, tots, rodaven i rodaven en aquell espai acollidor i ple d’aromes suculentes… De seguida se’ls va afegir el jove Johann, no gaire més gran que l’Ignatz i molt més que un germà de llet —si eren dues gotes d’aigua!—, i també el Johann pare, que, tot sigui dit, es trobava molt còmode al pis de sota i discretament pessigava totes les coses on desitjava clavar les dents, començant pel darrere de la cuinera…

…Bé podria haver estat així. Entre bastidors, he sentit a dir que el dia 17 de desembre l’Orquestra Simfònica del Vallès presentarà per primer cop en una sala de concerts una peça d’Ignatz Strauss, fill desconegut de Johann Strauss, el pare, i l’autèntica baula perduda en l’esdeveniment d’un moment clau en la història de la música: l’apoteosi de la música popular, que arriba amb els Strauss a la categoria de música simfònica…

Voleu saber com acaba aquesta història? Doncs veniu al concert de valsos que el proper dissabte 17 de desembre oferirà l’Orquestra Simfònica del Vallès al Palau de la Música. O cliqueu aquí i accediu al programa complet i a una conversa amb Arthur Post -flamant director del concert- a propòsit d’aquesta música lleugera i sofisticada. Jo, estimats, vaig a acabar d’enllestir el meu vestit de setí!