Palabras de paso, el segundo poemario de Pablo Llanos (recién publicado por la fiera y delicada editorial Piezas Azules), no es solo una reflexión acerca del lenguaje y la construcción de la identidad y acerca de cómo cada uno de nuestros yoes —que son también pertenencia a un grupo— es indisociable de un lenguaje y unas «palabras de paso» que lo identifican. Todo ello, lo Lleva a cabo Pablo Llanos a través de unos juegos con el lenguaje y con la propia estructura del libro que le son absolutamente propios y hablan de lo mejor que le habita (su infancia, y ya sabemos que para los niños el juego es una cosa muy seria), y hablan también de su timidez y de los escondites y las seducciones que el tímido se busca.

Pero lo mejor de todo es que su juego con el lenguaje y las estructuras —esa cosa tan postmoderna y metaliteraria que, en realidad, es muy anterior a la postmodernidad— está atravesado de emoción. Así es que en Palabras de paso, Pablo Llanos ha logrado la cuadratura del círculo: un artefacto poético tan estimulante y por momentos divertido como entrañable. Mención especial merece la bibliografía final y que en verdad constituye otra parte más del poemario o la intuición de otro libro posible.

Le acompaña en el viaje otra gran amante del juego: la artista y también poeta Carmen Hurtado, cuyos collage entregan la perfecta réplica a las propuestas de Pablo Llanos. Y también el poeta Jesús Aguado, que firma un precioso prólogo. Cierro con algunas de sus palabras: «Palabras de paso es, y perdónenme el adjetivo tópico, un libro luminoso (…) esa celebración por lo mejor de la vida a la que ya no nos tiene acostumbrados la poesía contemporánea».