Annie Ernaux: trascender el yo

Etiquetas

, , , , , , , ,

Annier Ernaux en blog Eva Muñoz

El prestigioso premio Formentor ha reconocido este año la trayectoria de la escritora francesa Annie Ernaux, precursora de la literatura del yo. Trazo su perfil en un artículo publicado en el Cultura/s de La Vanguardia, donde también recorro la historia de este premio y mítico encuentro literario que cada año cierra el verano desde el enclave mallorquín. Podéis leer el artículo a continuación.

Nacida en la localidad normanda de Lillebonne en 1940, Annie Ernaux es autora de una veintena de libros de carácter eminentemente autobiográfico, entre los que destacan títulos como El lugar, La vergüenza, El acontecimiento, La mujer helada, Memoria de chica, No he salido de mi noche, El uso de la foto o Los años; los cinco últimos publicados en España por Cabaret Voltaire.

De lenguaje desnudo y naturaleza intimista, la escritura de Ernaux reviste  un perfil singular dentro del panorama de la autoficción o literatura del yo (categorías, por cierto, en las que rehúsa encuadrarse). Esa singularidad probablemente radica en la distancia que la autora parece tomar de la persona que es o que fue cuando la aborda literariamente y que a veces se traduce en el uso de la tercera persona. Un distanciamiento del que también da fe el lenguaje directo y despojado, antirretórico. No hay complacencia ni nostalgia en su relato sino voluntad de comprender, de aprehender la realidad, lo acontecido, lo que se oculta o se escamotea: el deseo, la vergüenza, el tiempo, ejes que articulan su escritura. La autora conjuga constantemente la necesidad de conocer cómo operan esas pulsiones y dimensiones que contienen la vida, y la voluntad de trascender la vivencia individual para alcanzar la historia colectiva, un mecanismo que es especialmente visible en Los años.

Desdoblamiento

En Memoria de chica, Annie Ernaux se sumerge en el verano de 1958, el de su primera noche con un hombre, en la colonia de S, en el Orne. Una noche que iba constituir un “agujero incalificable” en el tejido de la memoria. Y sin duda lo más interesante de este breve pero magistral libro sea la coexistencia en la narración de las dos identidades de la autora: la de sus dieciocho años y la actual. Ernaux renuncia a fundir a ambas en un solo “yo” y opta por disociar a la primera de la segunda con el fin de “explorar el abismo entre la espantosa realidad de lo que ocurre, en el momento en que ocurre y la extraña realidad que reviste, años después, lo que ha ocurrido”. Una voluntad pues de desentrañar la verdad que Ernaux entiende como la mayor fidelidad posible a la realidad (de lo sucedido, de lo sentido) a través del lenguaje.

Esa contraposición de voces que encontramos en Memoria de chica adopta en El uso de la foto diversas formas: la existencia de dos miradas, una pasada y otra actual, pero también la suya y la de su amante. El origen de este singular e importante libro está en el deseo de la autora de fotografiar el paisaje tras el amor: la suerte de bodegón o naturaleza muerta que, a la mañana siguiente, conforman la mesa con los restos de la cena, las sillas desplazadas, la ropa revuelta y tirada en cualquier parte que atestigua la urgencia de los cuerpos al desprenderse de ella… Hay algo profundamente liberador e incluso subversivo en el artefacto de Ernaux: la historia de la que se da cuenta a través de la sucesión de fotos y las correspondientes narraciones en las que se alternan las voces de la escritora y de su amante, el también escritor Marc Marie, es la de una pasión amorosa en el momento en que ella, una mujer de sesenta y tres años, veinte años mayor que él, sufre un cáncer de pecho. Lo que en el imaginario convencional es un periodo de enfermedad y sufrimiento, asociado a la muerte y en las antípodas del erotismo, es aquí el momento de la vivencia de una pasión amorosa, de un cuerpo que es mostrado a un tiempo intervenido y deseado.

Huellas

Historia de amor, relato erótico, suerte de ensayo acerca del uso y los límites de la fotografía, indagación en torno a la enfermedad, la muerte y el deseo, en torno al paso del tiempo. Son temas recurrentes en Ernaux, como la construcción de una identidad, la necesidad de emancipación de la familia y de la sociedad, centrales en Memoria de chica, La mujer helada; o la vejez, la decadencia del cuerpo y de la mente, la necesidad del otro y el cuidado o la transformación de la relación con nuestros padres a lo largo de la vida que aborda en No he salido de mi noche, el diario donde la autora consignaba sus impresiones al regresar a casa tras visitar a su madre, enferma de alzhéimer, en la clínica geriátrica en la que pasó los dos últimos años de su vida. Asuntos que siempre se inscriben en un contexto social, el de la protagonista, el nuestro, del que se nos entrega un retrato en forma de huella o huecograbado. Por su parte, La mujer helada, considerado uno de sus libros más representativos, es el relato de una transformación, de niña libre y que tiene como referente a una madre fuerte procedente del entorno rural y liberada de algunas de las convenciones sociales de la época, a mujer adulta, burguesa, que acepta las convenciones y, por lo tanto, es mucho menos libre. La renuncia a esa libertad es lo que la convierte en una mujer helada. El libro es el relato de lo que la propia Ernaux hubiera podido ser o, mejor, de la que fue en parte y de la que se deshizo, justamente, a través de la escritura.

Aunque la obra de Ernaux resulte radicalmente feminista, sería erróneo encuadrar a esta escritora nacida en provincias y residente en Cergy, voluntariamente apartada de los cenáculos culturales de la capital, en esa u otra categoría. La misma vocación de autenticidad que caracteriza su prosa tiene su traducción moral en lo que parece ser una irreductible voluntad de ser ella misma, sin plegarse a ninguna prescripción o ideología, únicamente fiel la verdad de la (su) vida. Y es precisamente esa actitud la que resulta profundamente liberadora y emocionante, y la que explica su altura literaria.

La conspiración Formentor

A lo largo de 90 años, el enclave de Formentor en la isla de Mallorca ha mantenido un vínculo con la cultura literaria y cosmopolita de una continuidad excepcional en el panorama español. Hoy, el ya mítico hotel Formentor sigue auspiciando el premio literario homónimo y constituye una suerte de espacio protegido desde un punto de vista paisajístico y cultural.

Un recodo del cabo Formentor, unas vistas espléndidas sobre la bahía de Pollensa, un hotel “más que elegantísimo, exquisito” (según Carlos Barral, que debía de haberse alojado en unos cuantos) y todo, cabo, hotel y el premio que allí se celebra, bajo el signo de Formentor, del trigo -según la etimología-, la luz y el mar. Todo remite a la mediterraneidad, a la belleza del paisaje natural, el mismo que veían los clásicos, aquellos a quienes evoca y quiso convocar Robert Graves algo más hacia el poniente de la isla. Lo dice Basilio Baltasar, presidente del Premio Formentor y director de las Conversaciones Literarias, con quien conversamos una mañana de julio mientras ultima los preparativos para la celebración del evento literario que, a finales septiembre, marcará la clausura definitiva del verano y el comienzo del año académico y editorial. “Es una impresión compartida por todos los que nos reunimos aquí. Este lugar evoca los paisajes que en nuestro imaginario asociamos a la Grecia clásica. Al mismo tiempo, este paisaje conservado pero que parece en trance de desaparecer provoca un sentimiento de nostalgia, la sensación de encuentro con la belleza original”.

Una conspiración estética

Y en medio de esa belleza, un premio y unos encuentros que tienen el carácter de una confabulación: reivindicar la excelencia literaria a través de un puñado de hombres y mujeres que se reúnen para algo tan necesario como perfectamente inútil en términos estrictamente mercantiles: conversar en torno a las obras de la imaginación que fundamentan el tronco de la cultura europea. Ese es el espíritu subyacente al premio y a las conversaciones, las que se celebran desde el año 2011 y las originales, las que arrancaron con las Conversaciones Poéticas organizadas en este mismo hotel por Camilo José Cela en 1959. Y también era el espíritu de una denominada Semana de la Sabiduría, que en el año 1931 y auspiciada por el entonces propietario y fundador del hotel, el abogado y mecenas argentino Adán Diehl, organizaba el conde Keyserling.

Pero volvamos al segundo momento clave de este relato, aquél en el que, según refiere Barral en sus Memorias, “el refinamiento de Camilo José Cela, en funciones de nuevo conde Keyserling, y la generosidad de los propietarios del hotel”, entonces la familia Buadas, “emparentó” a un grupo de editores, escritores y gentes de letras con este rincón de la isla. El escritor gallego había descubierto Mallorca en el año 54 y había decidido fijar allí su residencia. Como editor de la revista Papeles de Son Armadans, Cela convoca en 1959 las Conversaciones Poéticas en Formentor. Uno de los participantes en esas conversaciones es el joven poeta y editor Carlos Barral. Y si la voluntad del futuro nobel era la de reunir a los escritores españoles, los del interior y los del exilio, tratando de salvar el socavón que la guerra civil y la posguerra habían abierto en la cultura española, Barral descubre su propio programa, que no es ajeno al anterior pero va más allá: de una parte, romper el cerco de la literatura y la edición española, aisladas por la censura, de otro, “agrupar a los editores literarios europeos en una verdadera conspiración estética: consolidar los valores de la alta cultura literaria y fundamentar el canon de la narrativa contemporánea”, en palabras de Basilio Baltasar.

Un empeño, el de Barral, que tuvo que vencer las reticencias de editores como Claude Gallimard o Giulio Einaudi, que se debatían entre la voluntad de participar en la empresa literaria a la que los invitaba el entonces (casi) imberbe editor catalán y el temor a que su participación contribuyera a dar una pátina de normalidad a la dictadura. Resolvieron el dilema a favor de su participación, y Formentor, escribe Barral, “se convirtió en una referencia constante para la vanguardia de la edición europea y en el ágora literaria más importante y famosa de la década de los sesenta”. Y todo ello, en pleno franquismo (aunque fuera en casi la más remota de sus esquinas). Si le sumamos los nombres de algunos de los primeros premiados, Jorge Luis Borges, Samuel Becket, Saul Bellow o Witold Gombrowicz , y “los tragos y los baños” que, como reconoce Jorge Herralde, editor que frecuentó aquellos encuentros, amenizaban las conversaciones literarias, no sorprende el halo mítico que aún hoy envuelve la cita literaria. Ni tampoco que en 1962, las Conversaciones acabaran por decreto del régimen franquista. El Premio se prolongó en otros lugares hasta 1967, “cuando se agota la alianza de los editores a causa de los cambios en el mercado editorial, en los derechos de autor y en las perspectivas culturales”, explica Baltasar.

Recuperación

Aquella breve pero brillante aventura dejó una huella importante en la memoria literaria colectiva y en la de las gentes de la isla, que hizo que en el año 2008, cuarenta años después de fallado el último premio Formentor, Simón Pedro Barceló, nuevo propietario del hotel, se pusiera en contacto con el escritor, editor y periodista Basilio Baltasar “para rescatar este pasado ilustre y dar al Premio Formentor una nueva actualidad, prolongando el mismo espíritu que inspiró su origen”, relata Baltasar. Y así, en 2011 y con el mecenazgo de las familias Barceló y Buadas, se recupera el Premio Formentor, que ahora es definitivamente a una trayectoria literaria y no a una obra concreta y ese año premia al escritor mexicano Carlos Fuentes.

Los premiados en las siguientes ediciones, Juan Goytisolo, Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Ricardo Piglia, Roberto Calasso, Alberto Manguel, Mircea Cartarescu y Annie Ernaux, que recogerá el premio el próximo 20 de septiembre, dan idea del firme compromiso artístico del galardón. “La conciencia del hombre contemporáneo se deposita en las grandes obras literarias. La complejidad de la condición humana se comprende y elabora mediante las creaciones del talento narrativo”, afirma Baltasar. En este sentido, Formentor constituiría un cierto canon de la narrativa contemporánea, “el canon de las obras eminentes, las de aquellos artistas que captan el pálpito del alma contemporánea con esmerada habilidad artística”. La  calidad de los premiados sin duda explica también el prestigio que hoy mantiene el Premio Formentor,  y que traduce la labor de un jurado “que trata de mantenerse ajeno a los caprichos del mercado y a la hipnosis del consentimiento general buscando, exclusivamente, la conciencia artística de lo literario”. Un jurado que, en definitiva, trata de devenir cierta guía, referencia, mapa, que es algo para lo que deberían servir los premios.

Los próximos 20 a 22 de septiembre, un grupo de escritores, lectores, editores y periodistas, amantes de la literatura y firmes creyentes en lo que Nuccio Ordine llama “la utilidad de lo inútil”, se reunirán en el bellísimo enclave del hotel Formentor para conversar, esta vez, acerca de bestias y monstruos y el papel central que esas oscuras criaturas han desempeñado en imaginación literaria y para señalar y celebrar la trayectoria literaria de la escritora Annie Ernaux, que con su acerada y transparente escritura toma el relevo este año en esa cadena de nombres que marcan el mapa de la mejor creación literaria.

El arte del error: Territori Contemporani cap. 37

UNA CASA VACÍA en Les Garrigues que es un centro de producción y exposición de arte contemporàneo, Major 28; un artista no menos singular que trabaja en torno a la estética y la política del error y del fracaso, Jan Monclús; el cuento de una salchicha; la Fundación Arranz-Bravo de l’Hospitalet contada por su director, que nos habla también de un momento artístico fecundo en esta ciudad… Y todo ello bajo los auspicios de la poeta María Negroni y el escritor Enrique Vila-Matas, perfectas presencias tutelares para un programa en el que sobrevuela el error como posibilidad creadora y la cámara sobre campos y tejados.

Territori Contemporani, capítol 36

Etiquetas

A l’últim capítol de Territori Contemporani, entrevistem al pintor Gino Rubert i visitem la Nau Gaudí a Mataró i la Fundació Perramon a Ventalló. Per cert que el savoir faire de la que escriu aquestes línies i el programa i el de tota la resta de l’equip, van mereixer el passat 7 de març el premi Carles Rahola al millor programa de televisió: visca!

A propósito de Cold War

Etiquetas

cold war en blog eva muñoz

Ayer vi Cold War, de Pawel Pawlikowski. Nada que reprochar. Al contrario, es una película impecable, bellísima. Bellísima es la fotografía, el blanco y negro, perfectamente justificado, muy adecuado a esa Polonia tras el telón de acero o al París canalla de los clubes de jazz de los años cincuenta y sesenta. Bellísimos son los protagonistas, conmovedores en su tragedia amorosa y personal. ¿Cómo no conmoverse ante cuerpos y rostros tan bellos (hablo en serio, la belleza no es gratuita)? ¿Cómo no conmoverse ante esa pareja tan atractiva y joven y deseante y tan torpe y desventurada (incluso un poco más, como su belleza) como todos nosotros para gestionar el amor (hablo completamente en serio, aunque ironice)? ¿Cómo no conmoverse ante esa cruel, arbitraria y ridícula invasión de la intimidad y de la libertad individual por parte del estado? El modo en que la aventura amorosa de la pareja protagonista resulta fatalmente condicionada por el devenir político de su país resulta profundamente conmovedor, y ahí ya no cabe ironía ninguna. Cómo algo tan frágil (y tan contundente a un tiempo), tan sujeto a frágiles equilibrios y desequilibrios como el amor, resulta violentado por algo de naturaleza completamente ajena, mucho más ciego y brutal que la voluntad de los protagonistas.

De hecho, los dos aspectos más notables de la película son esos: ver el modo en que las circunstancias históricas, la dictadura comunista en este caso, pueden llegar a invadir la historia personal (algo que es mostrado con naturalidad y sin subrayados), convirtiendo una pasión amorosa que podría haber resultado más o menos desventurada por esa dificultad que tenemos todos nosotros para saber amar bien, en algo trágico mucho más allá de nuestras limitaciones. El otro aspecto es justamente la ambientación histórica, que me parece impecable (ya me lo pareció en Ida, su anterior filme). En los pocos interiores y exteriores que necesita para construir un mundo, el cineasta ofrece lo que me parece una imagen muy convincente y verdadera de lo que debió ser la Polonia comunista en aquellos años: su color (o la ausencia de él), su atmósfera, y esa pronta deriva hacia el culto a los líderes, esa sustitución de la realidad por la fantasmagoría tan propia de los regímenes totalitarios o esa creación de una nueva élite, que aquí no estaba vinculada a la jerarquía económica sino a una nueva jerarquía de partido.

Y sin embargo, lejos como estoy de los treinta años y más bien cerca del final de los cuarenta, me doy cuenta de que toda esa conmovedora y al fin estéril pasión amorosa, ese fuego en el que los protagonistas consumen sus vidas, me conmueve, sí, pero me interesa más bien poco en estos momentos. Cerca del final de los cuarenta, me interesa más, cómo decirlo, el encuentro entre la realidad y el deseo o, más bien, entre el deseo y la realidad, de qué modo seguimos amando y deseando ante una realidad limitada por el tiempo y las circunstancias, por todo lo que ya sabemos, por la falta de belleza o una energía que ya no se derrocha impunemente como antaño… O tal vez siempre ha sido así y yo sólo ahora lo entiendo.

 

Las nuevas voces del feminismo

Etiquetas

ALGO SE ESTÁ MOVIENDO. Entre las novedades de cualquier librería es fácil encontrar últimamente algún ensayo feminista. También en librerías, carteleras de cine o centros de arte, la presencia de obras firmadas por mujeres ha dejado de ser algo anecdótico y su trabajo empieza a ser recibido no como una excepcionalidad o como una obra femenina, sino como la obra de una autora, mujer, sí, e imbricándose en el discurso general. Y si la cultura, además de construirnos, la construimos nosotros, ¿cómo no habría de cambiarla el hecho de que el discurso público esté empezando a poblarse de voces de mujeres? Porque la cosa va de voces, como señalan Mary Beard y algunas otras.

Mary Beard en blog Eva MuñozReportaje publicado en el Cultura/s de La Vanguardia el 24 de febrero de 2018

MARY BEARD: GÉNERO Y DISCURSO PÚBLICO
Un gesto y, sobre todo, una voz: la de Telémaco reprimiendo a su madre Penélope cuando ésta hace oír su voz en público. Un acto, este silenciar el discurso público de las mujeres, escribe Mary Beard (Much Wenlock, 1955) que aún hoy, en pleno siglo XXI, “se repite con demasiada frecuencia”. En su reciente ensayo Mujeres y poder, esta catedrática de Clásicas en Cambridge, divulgadora y figura referencial y personalísima del feminismo contemporáneo, parte de una de las obras fundacionales de la cultura occidental, La Odisea de Homero, para rastrear los orígenes de la misoginia moderna.

Y es que, explica la profesora británica, desde el momento en que el poder deja de residir en la fuerza bruta, el atributo definitorio de la masculinidad, al menos entre los hombres libres, pasa a ser la voz o, más precisamente, el discurso público. Por eso, desde ese momento, despojar a las mujeres de poder y mantenerlas en el ámbito doméstico, equivale a silenciarlas públicamente. Y La Odisea, que además de las gestas de Ulises es el relato de cómo Telémaco madura y se hace un hombre, contiene en su arranque lo que pretende ser un mensaje muy preciso para hombres y mujeres: quién tiene y quién no tiene derecho a hacer oír su voz. Y, en consecuencia, quién tiene, o no, autoridad y autonomía.

Mary Beard analiza la relación entre poder, discurso público y voz masculina a través de algunas de las obras fundacionales de la cultura occidental.

La autora prosigue su estudio analizando otras obras de referencia de nuestra cultura en distintas épocas y las pone en relación con situaciones actuales en las que el discurso público de las mujeres es silenciado o trata de silenciarse en los medios y en las redes sociales. Una indagación que no es ajena a su propia experiencia, pues su excelente tarea como divulgadora del mundo clásico en la BBC le costó ataques furibundos en los medios y las redes que, por cierto, nada tenían que ver con su competencia académica o comunicativa sino con su aspecto. Y es que Beard es una voz tan autorizada como desacomplejada y liberada de estereotipos: ni guapa, ni sexi, ni masculina. Todo lo cual, como su humor e inteligencia, resulta profundamente subversivo.

Señala usted el discurso público como el atributo definitorio de la masculinidad.
Sí, tan atrás como nos remontemos, encontramos una relación clara entre mujeres silenciosas o silenciadas y hombres portadores del discurso. La cultura occidental representa la mujer callada, y eso es algo que debemos confrontar.
¿Hay una conexión entre Telémaco haciendo callar a su madre y las formas contemporáneas de ignorar el discurso femenino?
En efecto. Para mí fue una conmoción ver, en algunos de los primeros ejemplos de la literatura occidental, a mujeres siendo acalladas por hombres. Durante tres mil años se nos ha transmitido la idea de que las mujeres deben callar.
Cuando las mujeres quieren ser tomadas en serio, con frecuencia adoptan atributos masculinos.
Carecemos de modelos femeninos de poder o autoridad. Por ello, cuando una mujer quiere tomar posiciones de poder adopta un estilo masculino, como vestir pantalones o un tono de voz grave, es lógico. Me gustaría que fuéramos capaces de derribar ese estereotipo masculino acerca del aspecto del poder. ¿Ponerle faldas, quizá?
¿Debemos redefinir el poder para que las mujeres tengamos espacio en esa esfera?
La lógica me parece evidente. Si las mujeres no encajan en la actual estructura de poder, debemos cambiar la estructura del poder, no a las mujeres.
El número de mujeres que participa hoy en el discurso público es creciente. ¿Producirá esto un cambio en la percepción de la voz femenina?
Finalmente contribuirá a ello, ¡pero no sé si lo suficientemente rápido para mí! Tengo 63 años ¡y lo quiero ya! Aún veo muy pocas mujeres como directoras de museos o en el parlamento, y creo que todavía hay mucho trabajo que hacer.
Con el crecimiento de movimientos como el “Me Too”, hay hombres, y mujeres, que denuncian un incremento de la corrección política…
No creo que haya más oposición de la que siempre ha habido. Siempre se produce algún tipo de reacción.
¿Es usted feminista?
Por supuesto. Nunca he pensado que pudiera ser otra cosa. Quizá deberíamos debatir acerca de qué feminismo hablamos… pero sí, desde luego, y una feminista orgullosa de serlo.
¿Superar el patriarcado es hoy el único horizonte ideológico capaz de regenerar una humanidad autodestructiva?
Me gustaría superar el patriarcado, ¡pero tengo unas cuantas cosas más en la lista!

OTRAS VOCES, OTROS ÁMBITOS
LAURA BATES
De una generación posterior a Mary Beard, la autora de Sexismo cotidiano ha trasladado al papel una experiencia que arrancó en 2012, cuando creó la web Everyday Sexism Project, donde la gente podía compartir sus experiencias de machismo diario. Tres años después de su creación, el proyecto de Laura Bates (Oxford, 1986) había superado las 100.000 entradas, convirtiéndose en un acontecimiento viral y un gran compendio de la misoginia moderna. Lo que en Beard es un análisis de nuestra tradición literaria en clave de género, en Bates es un examen de la comunicación contemporánea desde esa perspectiva, que le sirve para poner en contexto los relatos que le han hecho llegar mujeres de todo el mundo, edad y condición y dan cuenta de un machismo perfectamente instalado y normalizado en nuestra cultura.

Su web Everyday Sexism Project sirvió a Laura Bates para dar voz a mujeres anónimas del mundo entero y realizar un amplio compendio de la misoginia moderna.

El trabajo de esta escritora que anteriormente ejerció de niñera y actriz no pretende erigirse en análisis cuantitativo o en prueba fiscal, pero no hay duda de su interés cualitativo y de la cantidad de datos útiles de los que ha hecho acopio. Su mayor valor reside sin embargo en dos aspectos. Primero, en llamar la atención de manera fehaciente sobre el hecho de que no por normalizado, el machismo haya desaparecido de nuestro entorno. Por el contrario, más allá de los abusos graves y lacerantes, nuestra vida cotidiana está llena de un sexismo que, por normalizado, opera de manera silenciosa, conformándonos y haciéndonos conformar. Segundo, al crear un espacio de comunicación en la red, esta milenial ha logrado conectar con las jóvenes y las adolescentes contemporáneas. Un hecho que parece fundamental a juzgar por algunas de las estadísticas y relatos que el libro recoge y que revelan por ejemplo que “el mayor deseo” de las niñas entre los 11 y los 17 años es “estar más delgadas”. Mientras esto sea así, el problema de las mujeres no es el “techo de cristal”, sino otro mucho más insidioso: hemos interiorizado la cárcel, somos prisioneras de nuestros propios cuerpos.

PATRICIA MERINO
El proyecto político del feminismo se centra hoy todavía en el empoderamiento de las mujeres en el empleo y en la vida pública. Por eso, leyendo el título del libro de Patricia Merino (Bilbao, 1961) Maternidad, Igualdad y Fraternidad, habrá quien sospeche que no estamos hablando de feminismo sino de alguna otra cosa. Ciertamente, la maternidad no es ni obligatoria ni nuestro destino, el feminismo clásico lo dejó por fortuna claro, pero relegar la maternidad, ese hecho central de la vida humana, a los márgenes del discurso es en realidad hacerle el juego al patriarcado, denuncia la autora, pues “es precisamente en las dependencias y vulnerabilidades originadas en la maternidad donde éste enraíza”. Y la solución no puede ser obviar la cuestión sino, por el contrario, poner la maternidad en el centro del debate y, de una vez por todas, reconocer a la madre como sujeto político.

Solo poniendo la maternidad en el centro del debate feminista y reconociendo a las madres como sujeto político superaremos el patriarcado, sostiene Patricia Merino.

En su libro, Merino cuestiona la representación que desde el feminismo beauvoiriano y las posiciones constructivistas se ha hecho de la maternidad, teñidas de misoginia la una y de un culturalismo extremo la otra, que niega la dimensión biofísica de la maternidad y su trascendencia. La autora también reflexiona acerca de los conceptos de “trabajo” y de “empleo”, reclama la equiparación del trabajo productivo y reproductivo y explora el modo en que encaja la maternidad en las diversas sociedades europeas actuales y cómo en cada una de ellas se socializa la crianza. Una reflexión que se antoja fundamental en nuestras sociedades posfamiliares y poslaborales, donde las profundas transformaciones del mercado de trabajo y las tasas crecientes de paro también obligan a cuestionar el binomio empleo-derechos sociales y de ciudadanía en que hasta ahora se han basado las sociedades industriales.

VIRGINIE DESPENTES
Hablemos claro: he venido a recomendaros algunos libros imprescindibles, de esos que os pueden cambiar la vida. Y eso es exactamente lo que puede hacer un libro como la Teoría King Kong de Virginie Despentes (Nancy, 1969), que puede reconciliaros con quienes sois con la contundencia de un puñetazo y emocionaros con un arranque tan poco sospechoso de sensiblería como este: “Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, la camioneras… ”. Pero, queridas, las que sabemos algo o estamos dispuestas a descubrirlo, sabemos que lo verdaderamente conmovedor en esta vida es la verdad desnuda.

El discurso de Virginie Despentes es un cuestionamiento radical de las asunciones políticas, estéticas y sexuales en las que se sustenta el patriarcado.

El de Despentes es un cuestionamiento radical de muchas de las asunciones estéticas, políticas y sexuales sobre las que se asienta nuestra sociedad patriarcal y es, por ello, profundamente liberador, y perturbador. Empezando por ese “ideal de la mujer blanca, seductora, que nos ponen delante de los ojos [y que] es posible incluso que no exista”. ¡Bingo! Son fundamentales algunos capítulos y reflexiones, como su lectura de la seducción femenina, ese “vestirse de puta” como forma de disculparnos por nuestra inteligencia y enviar el mensaje tranquilizador de que seguimos jugando al juego que se espera de nosotras, o su análisis a contracorriente de la violación o la prostitución, donde la autora parte de su propia experiencia y elabora desde ahí su discurso, una dinámica narrativa que encontramos a lo largo de todo el libro. Escrito en 2006, es todo un acierto su reedición doce años más tarde, con traducción de Paul B. Preciado, y no hay duda de que sigue estando plenamente vigente.

CHIMAMANDA NGOZI ADICHIE
En este coro de voces, sería fácil dejarse llevar por la tentación de etiquetar a Chimamanda Ngozi Adichie (Enugu, 1977) como la “voz periférica”, pues nació y creció en Nigeria, donde sigue residiendo parte del tiempo, además de en Estados Unidos, o como “feminista pop”, pues en efecto es un personaje público extraordinariamente popular (tanto como pueda serlo un escritor que además es mujer y negra) y algunas de sus frases más célebres han sido llevadas a la música por Beyoncé o estampadas en camisetas Dior. Lo que sí podemos decir de Adichie es que es capaz de expresar con extraordinaria sencillez asuntos complejos y su discurso está lejos del intelectualismo dominante en los discursos feministas más tradicionales y emparenta con su narrativa, “yo soy una contadora de historias, me interesa la textura de la vida, no las teorías”, dice.

Chimamanda Ngozi Adichie expresa con sencillez asuntos complejos y pone el acento en la educación y en nuestra acción cotidiana.

Todos deberíamos ser feministas, un librito que recoge una conferencia pronunciada en 2012, contiene observaciones de gran sencillez pero enorme calado y se ha convertido en todo un clásico del feminismo contemporáneo. La autora reclama un mundo distinto y más justo y sugiere cuál es la forma de empezar: “tenemos que criar a nuestras hijas de otra forma. Y también a nuestros hijos”. Una idea que ha desarrollado en su más reciente Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, que contiene propuestas tan simples y valiosas como la sugerencia de no llamar “princesas” a las niñas (pensadlo bien), enseñarles que lo más importante en esta vida es ser honesto con uno mismo, no gustar o complacer a los demás, o que los matrimonios son felices o desgraciados, pero en ningún caso un logro. Recomienda también la autora acostumbrar a los niños a leer (incluso mediante soborno) y enseñarles a cuestionar el lenguaje, y en ningún caso pretender que ellas son mejores que ellos, pues es otra trampa: la bondad femenina es tan frecuente como la maldad. Espléndida novelista, más allá de estos breves ensayos, el discurso de Adichie está comprendido en una narrativa cuyas protagonistas son con frecuencia mujeres jóvenes que tratan de construirse una identidad (siempre múltiple) y una vida propia con inteligencia, energía y humor.

JESSA CRISPIN
El feminismo está de moda. Ya no es un movimiento político sino un estilo de vida, un producto más y, como tal, ha perdido su capacidad crítica y su poder transformador. Esa es la tesis de la periodista, escritora y crítica literaria Jessa Crispin (Kansas, 1978), autora de Por qué no soy feminista. Un manifiesto feminista, un análisis ácido y lúcido tanto del patriarcado como del feminismo contemporáneo. Con la voluntad de resultar aceptable para todos, dice la autora, el feminismo se ha vuelto inofensivo. Y así se ha pasado de la crítica a la etiqueta y la denuncia, una deriva que para Crispin no es ajena a la sustitución de la sociología por la psicología y de la política por la moda que opera en nuestras sociedades contemporáneas.

Jessa Crispin se muestra tan crítica con el patriarcado como con un feminismo que en su voluntad de universalizarse ha perdido su capacidad transformadora y ha devenido moda.

“Los obstáculos y desigualdades reales a los que se enfrentan las mujeres afectan en su mayoría solo a las mujeres pobres; las de clase media y alta pueden comprar el acceso al poder y a la igualdad”, afirma la autora. El problema es el patriarcado, eso lo que hay que poner en cuestión y superar, concluye. Lejos de ello, el llamado empoderamiento no haría sino perpetuarlo, según Crispin, pues simplemente pretendería que algunas de nosotras podamos apropiarnos de una parte del pastel. Si bien la crítica principal de Crispin parece válida, cabría hacer un par de observaciones a su análisis. En primer lugar, que la clase media va camino de convertirse en producto de derribo, con una mayoría de nosotras a la cabeza. En segundo, aun estando de acuerdo en que gestos como enfundarse un fabuloso traje negro de Valentino en un cuerpo al servicio de los más caros mitos del patriarcado quizá no sea exactamente un acto ni radical ni liberador, ese gesto pone precisamente de manifiesto como la cosificación del cuerpo de la mujer es transversal social y económicamente, al igual que una cultura que lleva tres mil años silenciándonos a todas, de baja y alta cuna.

Fuera de los márgenes de este artículo quedan muchas otras voces que se están haciendo oír. Paulina Fariza publica F de Feminismos, un abecedario ilustrado al hilo del cual recorre algunos de los principales hitos, conceptos y retos del feminismo contemporáneo; Bel Olid expone también los conceptos clave de la lucha feminista actual en Feminisme de butxaca en tanto que Capitan Swing reedita la Autobiografía de Angela Davis, filósofa, feminista y mítica activista afroamericana… Imposible dar cuenta aquí de todas las novedades, pero el fenómeno editorial es el reflejo de un movimiento político que ha vuelto al centro del discurso.Nuevas voces del feminismo en blog Eva Muñoz

 

Audaces cuentos de hadas

Etiquetas

Angela Carter en blog Eva Muñoz

Publicado en el Cultura/s de La Vanguardia (26/08/2017).

UNA LIBERADORA VERSIÓN de Barbazul. Y terrorífica, con una progresión narrativa digna de un maestro del suspense. La más gamberra y deliciosa versión de El gato con botas. Sensuales, violentos y melancólicos cuentos de lobos y de vampiros. Inquietantes las más de las veces. Sorprendentes siempre. Y dotados de un magnífico estilo (¡bravo por el traductor!), elaborado, barroco pero extraordinariamente preciso: ni una palabra de más. Así son los cuentos de la escritora y periodista británica Angela Carter (1940-1992), una grande de la narrativa inglesa de la que Sexto Piso reedita uno de sus volúmenes más destacados, La cámara sangrienta, en una preciosa edición que cuenta con las bellísimas ilustraciones de la chilena Alejandra Acosta (1975).
Angela Carter se acerca a los cuentos de hadas de la tradición europea con el espíritu audaz de sus heroínas. Con curiosidad, irreverencia, frondosa imaginación y una extraordinaria libertad creativa. Altera finales y conclusiones, reescribe, mezcla fábulas. Desde lo que hoy llamaríamos una perspectiva de género, liberando a las mujeres de arquetipos limitadores, pero yendo mucho más allá. O, desde ahí, desde esa libertad, adentrándose en las fuentes del deseo, en su naturaleza ambivalente, en el subconsciente, que no siempre arroja visiones complacientes o comprensibles. Y es que los relatos de Carter no responden a una lógica cartesiana sino a la lógica simbólica y poética de los mitos y cuentos.
Fábulas que son también puro divertimento, exploración de los mecanismos o modos narrativos, entre el relato gótico, en la mejor tradición de Poe o Hoffmann, y la narrativa erótica; entre la lógica narrativa más clásica, como “La cámara sangrienta” que da título al libro, deslumbrante, y la más poética, casi diría que plástica o performativa, pues “Lobalicia”, bellísimo, se me antoja un ballet. Las niñas, mujeres y adolescentes que protagonizan los cuentos de Carter son audaces y de corazón puro, del que brota su fuerza y su valor. No son cuentos ingenuos. Están en las antípodas de la corrección política. Pero la curiosidad no resulta penalizada y la feminidad es vibrante y activa, no mero reflejo y expectativa.
Un libro, como rezan algunos juegos educativos, para lectores de 12 a 99 años. Un clásico contemporáneo.